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5.06.2011

Cuerdas de guitarra, plumillas y audífonos.

Él. Un tipo que podría parecer complicado, y que en realidad lo era para muchas personas. Aunque si llegabas a pasar mucho tiempo con él, podrías incluso adivinar algunas de sus manías, de sus tendencias, de sus fanfarronerías y de sus caprichos. Un tipo con preocupaciones tanto banales como importantes. Le preocupa su aliento cuando besa, siempre trata de ser generoso. No pedía mucho en la vida, aunque le faltaban dos cuerdas de guitarra, plumillas, audífonos y otra cosa que siempre se reserva de decir. Como ven, le preocupan tanto idioteces como cosas importantes. ¿Por qué se reserva de decir ésa última cosa? No me lo pregunten, ni yo mismo lo sé. El caso es que a veces él le toma importancia, y a veces no. Cuando no lo hace, nada pasa. Al menos no en lo que él ve. Cuando lo hace, normalmente pasan cosas estúpidas. Y en cierto sentido, él sabe que tiene que darle importancia. Pero como no le gusta que las cosas estén fuera de su control, no le toma importancia, para que no pase nada. Lo peor es que de ninguna manera están las cosas bajo su control, sólo que al parecer lo están cuando no hace caso de esa cosa que siempre se reserva de decir.
Al final, él vivió.
Al final, el pidió perdón, y también perdonó.
Al final, él se dio un tiro porque no soportó.
Al final, todo estaba dentro de su mente.
Que estúpido él.
Ya no supo qué hacer.

10.03.2010

Esta vida...

Aquella a la que eligió el placer carnal sobre el amor verdadero dicen que al final le fue bien. Dicen que viendo para atrás para su vida, vivió todo lo que pudo vivir, que de nada se arrepiente y que de ninguna manera lo volvería a hacer igual. Esa es, creo yo, la medida en la que una puede medir su vida. Dejando de lado que seas un borracho empedernido, una puta mal pagada o un patán malagradecido, si ves tu vida para atrás y ves que viviste todo con pasión y sentimientos variados, con gusto y cómo tu lo quisiste (o por lo menos como lo aceptaste), y sabes que no lo cambiarías pero tampoco lo querrías volver a hacer para no arruinar el sentimiento de victoria, sabes que tuviste una vida perfecta, a tu manera. Fracasos no hay, más bien hay experiencias de por medio que limitan o no tu placer en la vida, tu gusto por ella. Eso claro es alguna de las percepciones de alguno que otro idiota que no aprovecho su vida y que sabe que fue una mierda (el y su vida). Pero bueno, se entiende el punto, ¿no? También dicen que los que eligen el placer carnal terminan bien, con una buena vida, tal vez un poco de dinero y terminándose una buena copa de vida, perdón, vino mientras dan su último respiro. L'élégance dans le vin et la vie, la passion, le plaisir, que le dicen. Pero y, ¿qué pasa con nosotros? Aquellos que elegimos el amor sobre todo, que escriben, cantan o componen, que son bohemios y poetas empedernidos. Bueno, no solo esos. También hay personas normales que creen que escriben, o que no lo creen ni lo hacen. Normales digo, adolescentes, con los cuáles (nadie lo confirma, pero todos lo saben) que uno de nosotros, un artista que le llaman, habría alguna vez en su vida cambiar eso que tiene por lo normal, lo "adolescente" y todo eso. Claro, sería el peor puto error de su vida, pero en el momento que lo hiciera le serviría por algunos meses, tal vez años. Para dejar atrás todo lo raro y todo ese amor pasional que uno siente, para dejar todo eso atrás y cambiarlo por una vida vacía y sin mucho sentido, que, al final, volverías a ver atrás y decir que la viviste bien y como debería ser. La vida en muchos sentidos es... destructiva, hacía aquellos que la viven de verdad. Por cierto que aquella versión de mi que tengo ahorita me la hizo ver ella a la que amo hoy. Y bueno, tal vez es la mejor que he tenido de mi mismo, tal vez espero que nunca cambie. Bah. Trois vies différentes de l'amour.

¡Paz!