8.06.2010

La percepción del tiempo II (Una mente consternada)

Mira! ¿Qué es eso que se ve ahí? Es mi percepción del tiempo. ¿Cómo lo haces? Creo qué es fácil, solo me enfoco en esa luz de allá... esa, ¿no la ves? es omnisciente, luminosa como un dios y cómo el amor por ti. Creo que no existe tal cosa. Todo es subjetivo, relativo, casi cómo el tiempo. ¿O qué, acaso piensas que vives realmente en esta vida? Todos piensan eso, ¿pero acaso conoces a alguien que lo sepa con seguridad? Todo es preguntas, preguntas y más dudas, deformaciones de la realidad, sueños del hombre por conocer el universo, por conocer su universo. ¡JA! Pobres mortales ilusos, creyendo que tienen control sobre las cosas que conocen, (que no es ni un grano de arena de todo lo que existe) cuándo no tienen control sobre si mismos. Desalentador pues, es el hecho de que el tiempo se haya inventado para comodidad de estas criaturas indefensas e ilusas. Jamás debimos haberlos creado, jamás debimos haberlos llamado a la vida. Pero ahora, ¿qué se puede hacer con toda esa pseudogloria creada por ellos mismos? Todos esos sentimientos encontrados... Esos odios y amores desvariados... ¿Qué se puede hacer con ellos? Exterminarlos no es una opción viable que digamos...
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Imaginaciones. Esa percepción del tiempo mía, diferente a la de todos los demás pero exactamente igual, persiguiendo esa luz universal, destruyendo ese amor que nos conmueve. ¿Qué dirán de mí cuándo comprenda el significado del universo? ¿Seré considerado cómo un loco, o cómo un genio? En esta utopía humana, nunca se sabe. Nunca se supo quién inventó el tiempo, nunca se supo quién inventó el odio. Entonces creo que así no se sabrá quién inventó el modo de controlar el tiempo, de tergiversarlo y manipularlo a nuestro antojo. Es tan peligroso, tan vulnerable, que nunca debe salir de este cuarto. Nunca debe atravesar estas 6 paredes, si es que esas son. Nunca debe salir de mi mente, de esta mente llamada "prodigiosa". Yo solo sé que no lo soy.... Soy más bien una persona con suerte. Tan iluso como un niño y tan ingenuo como uno mismo. Pero no resisto esta presión... Nunca saldrá ese conocimiento al mundo... Nunca podrán entenderlo, imaginarlo si quiera. Todo eso que me imagino, estoy seguro de que va a pasar, estoy seguro de que pasará. No quiero verlo... Todos me recordarán, todos me odiaran, todos me recordarán. Ahora, si lees esto, significa que me estas odiando.. recordando en este momento. ¿Qué harás ahora? ¿Qué harás con tu tiempo?... Y si, cliché sonará, cliché sonará, este mundo es cruel. Cruel.
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Hospital Número 56.
Hora: 10:04 p.m.
Habitación #309

-¿Y este que tenía?
-Creemos que esquizofrenia. Solo llegó, habló algo del tiempo, se internó y se puso a escribir este librito. Murió sin que nos diéramos cuenta.
-Pobre diablo, al parecer sufrió mucho.
-¡Doctor Pérez!Favor de pasar a la sala de urgencias, repito, URGENCIAS.
-Bueno colega, tengo que irme. Diagnostica por favor su hora de muerte y anuncia al obituario del hospital. Creo que tendrán que cremarlo.
-Por supuesto doctor- gruñó el aprendiz Espinosa. Nunca le gustó tratar con muertos, quería ser dentista.
-¿Le pasó el informe de muerte?
-Por favor. Y con tu mejor letra, si se puede.

A Espinosa nunca le cayó bien su maestro, pero bueno, ordenes eran ordenes. Así que empezó a examinar el cadáver. Revisó ojos, boca y pecho para determinar hora de muerte. 9:25... No llevaba ni una hora muerto. Se le ocurrió que podía haber tomado una pastilla para que se te parara el corazón, cómo en sus series favoritas. Claro, descartó la idea al instante, pues debía ser profesional y no fantasear mucho. Así que, cuándo intento levantar el cadáver, es obvio que nunca se le ocurrió lo que iba a pasar. Detectó sangre en la clavícula. O bueno, lo que se supone que debería ser sangre. Era rojizo, supuso por la combinación por la sangre, pero además le salía un líquido negruzco, aceitoso. Jamás en su corta vida de médico-estudiante
había visto tal cosa. No se espantó mucho, pero mejor quiso ser prevenido y tomó una muestra. Levantó el cadáver y lo llevó al horno. ¿Qué fue lo qué pasó cuándo el cadáver desapareció de la camilla? Espinosa nunca lo supo, pero tampoco nunca estudió la muestra que conservó. Jamás imaginó que fuera tiempo. Que fuera tiempo. ¿Quién escribe esto, quién me contó esto?
El tiempo fue... Pero ese señor nunca estuvo de más... ¡¿qué quieres aquí?!

Historia prometida, historia de por allá.

[Lectura Post Mortum, César Axel García Sánchez]

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